Los tiempos están cambiando

Recuerdo que este verano en la Warner, le expliqué, sin ánimos de ser padre de nadie, a una compañera llena de piercing que gracias a mi generación hoy se puede ir a una entrevista de trabajo con los pelos de punta y con un pendiente en la nariz. En mi época nos llamaron maricones y gentuza por llevar tatuajes o pendiente. En muchas ocasiones éramos detenidos por ir por la calle.
Los jóvenes punks, mods y rockers de los 80 hicieron posible que la tele y los diseñadores se fijaron en esa tendencia y, poco a poco, la sociedad empezara a ver con buenos ojos el llevar un pendiente o los pelos de punta.
En la foto soy el que tiene la pose de Sid Vicious y camisa blanca.
Como digo en mi libro
Entró el punk en mi vida como un chute de caballo en un yonki. Por fin había encontrado un movimiento divertido y provocador que me hiciera sentir identificado con sus doctrinas y su música. Culpo al punk de que mi credo fueran The Sex Pistols y The Clash. Empecé a vestir de negro con los pelos de punta y con chapas de mis dioses musicales prendidas en la solapa de mi chaqueta. El punk consistía en acordes mal interpretados que para mis oídos eran notas celestiales y mensajes de salvación para mi alma virgen. extracto del libro 1964 después de Cristo y antes de perder el autobús
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